He decidido volver a ponerme el pañuelo de monedas.
Voy a impartir de nuevo algunos talleres y clases de danza oriental y, entre preparativos, músicas y recuerdos, he recuperado un artículo que escribí hace años en mi antigua web sobre todo lo que había aprendido siendo bailarina y que después me resultó sorprendentemente útil trabajando en SEO.
Lo he releído y sigo estando de acuerdo conmigo misma, que tampoco es algo que ocurra todos los días. Eso sí: ahora lo escribiría de otra manera.
Durante mucho tiempo pensé mi trayectoria como una sucesión de etapas: fui bailarina, después hice otras cosas, acabé trabajando en comunicación y SEO. Con los años he entendido que las profesiones no funcionan como compartimentos estancos. Lo aprendido viaja contigo, aunque cambien el escenario, las herramientas y hasta la ropa de trabajo.
La danza me enseñó técnica y musicalidad, por supuesto, pero también a enseñar, comunicar, negociar, trabajar en equipo, improvisar, gestionar problemas, observar a otras personas, soportar presión y adaptarme rápidamente cuando aquello que habíamos preparado dejaba de servir.
Y muchas de esas cosas las sigo utilizando cada día delante de una web.
1. En SEO tampoco necesitas saberlo todo para empezar
Es muy sensato querer formarse bien antes de comenzar a trabajar en algo. Lo que ya resulta menos sensato es esperar a alcanzar ese punto imaginario en el que por fin lo sabrás todo y podrás empezar sin cometer errores, porque ese momento no existe.
Cuando comencé a dar clases de danza sabía que todavía tenía muchísimo que aprender. Seguí formándome, tomé clases con grandes maestros, viajé a Egipto y aproveché todas las oportunidades que pude para mejorar. Pero una parte enorme de lo que aprendí no ocurrió mientras alguien me enseñaba… Ocurrió mientras enseñaba yo.
Una alumna no entendía un movimiento y tenía que encontrar otra forma de explicárselo. Otra hacía algo diferente con su cuerpo y me obligaba a mirar el movimiento desde un ángulo que nunca había necesitado plantearme. Aquello que yo era capaz de ejecutar de forma automática tenía que ser desmenuzado, entendido y traducido para otra persona.
En SEO sucede algo parecido. Puedes conocer herramientas, estudiar cómo funciona Google, aprender arquitectura web, enlazado interno, contenidos o analítica, pero después llega una web real y decide no comportarse como la web perfectamente ordenada del ejemplo del curso. En ese momento es cuando empieza otro tipo de aprendizaje.
No estoy exhortando a nadie a trabajar sin preparación. Lo que explico es que la práctica genera un conocimiento que la teoría no puede proporcionarte de antemano. La formación te da una base; enfrentarte a problemas reales te enseña hasta dónde llega esa base y qué tienes que hacer cuando tus conocimientos ya no bastan, no siguen vigentes o exigen algo de creatividad.
2. Aprende de quien sabe más que tú, pero no intentes convertirte en esa persona
Cuando empecé a bailar descubrí de golpe una constelación entera de grandes nombres. Había bailarinas y maestros con quienes parecía imprescindible estudiar si querías tomarte aquello en serio, y aprendí muchísimo de algunos de ellos (y aquí quiero incidir en que ser bueno haciendo algo no siempre implica ser bueno enseñando a hacer algo).
También viajé a Egipto y descubrí algo que después he vuelto a encontrar en casi todos los ámbitos profesionales: hay personas extraordinarias que apenas conoce nadie y personas conocidísimas cuya principal ventaja no siempre está exclusivamente relacionada con lo bien que hacen su trabajo. La visibilidad, los contactos, la comunicación, las relaciones públicas, estar en el lugar adecuado y tener algo de suerte también construyen carreras.
El SEO tiene exactamente la misma fauna, adaptada a otro ecosistema. Hay profesionales excelentes de quienes merece la pena aprender y también gurús a los que se acaba otorgando una especie de infalibilidad papal porque llevan muchos años, tienen muchos seguidores o aparecen constantemente en congresos.
Escuchar a quien sabe más que tú es una magnífica manera de aprender. Convertir sus opiniones en dogmas ya es otra cosa.
En danza tardé algún tiempo en entender que mejorar no significaba parecerme cada vez más a las bailarinas que admiraba. La técnica, la musicalidad y todo lo que había aprendido tenían que atravesar mi propio cuerpo hasta convertirse en otra cosa. Con el trabajo ocurre igual. Si aprender de alguien termina borrando tu forma de observar, de pensar o de hacer las cosas, quizá has confundido aprendizaje con imitación.
3. No pongas todos los huevos en la misma cesta, aunque la cesta parezca estupenda
Esta lección podría haberla aprendido en un máster de dirección empresarial, pero la aprendí bailando.
Durante una temporada, una gran compañía ofreció a mi grupo trabajo prácticamente todas las noches. Parecía una situación perfecta: menos tiempo buscando actuaciones, menos negociaciones, una facturación mucho más sencilla y una previsión de trabajo que nos permitía respirar bastante tranquilas.
El problema era que buena parte de nuestra tranquilidad dependía de una sola empresa, y la empresa lo sabía: empezaron los retrasos en los pagos, aparecieron errores en los importes y, a mitad de temporada, decidieron hacer recortes y nos quitaron aproximadamente la mitad de las noches.
Afortunadamente nuestro espectáculo estaba bien valorado y antiguos clientes quisieron recuperarnos. En muy poco tiempo conseguimos cubrir buena parte de las actuaciones perdidas, pero aquellos días sirvieron para aprender algo que después he aplicado muchas veces trabajando en internet.
Diversificar no es una palabra bonita que queda bien en un plan de negocio. Es una forma de reducir el poder que otro tiene sobre ti. Si eres profesional independiente y dependes de un solo cliente, si una empresa obtiene prácticamente todas sus ventas desde Instagram o si una web consigue todo su negocio gracias a una única fuente de tráfico, el problema es el mismo. Todo funciona estupendamente mientras esa pieza siga comportándose exactamente como esperas. Pero, ¿qué pasa cuando deja de hacerlo?
4. Planifica como si todo fuese a salir bien. Trabaja con gente que sepa qué hacer cuando no sea así
En danza gran parte del tiempo lo dedicábamos a la preparación de los espectáculos.
En nuestros espectáculos había músicas, coreografías, entradas, salidas, cambios de vestuario y posiciones perfectamente ensayadas. Y después llegaba la realidad.
Una música que no sonaba cuando debía. Un DJ demasiado creativo que decidía intervenir sin que nadie se lo hubiese pedido. Un traje que se rompía. Un niño que aparecía de pronto sobre el escenario. Un espacio donde pretendían que bailáramos varias personas y en el que objetivamente apenas cabía una maceta… Entonces había que improvisar.
Durante años entendí la improvisación sobre todo como una capacidad individual: tener suficiente técnica y experiencia para salir airosa cuando algo falla. Ahora creo que me dejaba fuera una parte importantísima: el equipo.
Improvisar bien resulta muchísimo más fácil cuando trabajas con personas a las que conoces y que te conocen. Sabes cómo reaccionan, qué pueden resolver, dónde necesitan ayuda y qué es probable que hagan cuando algo se tuerza. A veces basta una mirada para entender que el plan acaba de cambiar. En nuestro caso concreto, llegamos a tal punto de compenetración que notábamos de forma casi esotérica cuando una compañera iba a realizar un movimiento inesperado.
Eso no significa trabajar siempre con las mismas personas ni cerrarse a incorporar gente nueva. Significa hacer algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de equipos: integrar de verdad a quien llega.
Para que alguien pueda responder contigo cuando vienen mal dadas tiene que conocer cómo trabajas, qué esperas, qué señales utilizas, qué margen tiene para decidir y qué puede esperar de ti. La confianza no consiste únicamente en pensar que alguien es competente; también se construye aprendiendo a funcionar juntos.
En SEO esto importa mucho más de lo que parece. Una estrategia puede implicar desarrollo, contenidos, diseño, analítica, cliente y otras personas con competencias completamente diferentes. Cuando algo cambia (una actualización, una caída de tráfico, un error técnico, una campaña que no responde como esperábamos) puedes tener a cinco profesionales magníficos trabajando cada uno por su cuenta o tener un equipo capaz de cambiar de dirección sin chocar entre sí. Y ahí las tablas se notan.
Por eso sigo creyendo en los planes. Como decía Hannibal Smith en El Equipo A, ‘me encanta que los planes salgan bien’. Acabo de volver a delatar mi edad.
Pero también sé que un buen plan no es aquel que te obliga a seguir caminando hacia el precipicio porque estaba escrito en un documento. Es el que te da suficiente estructura para darte cuenta de que hay que virar y hacerlo sin que todo se desmonte.
5. Hay cosas que solo puedes sostener mucho tiempo si te interesan de verdad
El SEO obliga a aprender constantemente. Cambian los buscadores, aparecen herramientas nuevas, se modifican comportamientos de búsqueda, algunas prácticas dejan de funcionar y otras evolucionan. Ahora, además, intentamos entender qué supone que una parte creciente de las búsquedas ya no termine necesariamente en una lista de enlaces, sino en una respuesta generada por una IA.
No es una profesión especialmente agradecida para quien aspira a aprender una cosa una vez y dedicar los siguientes veinte años a repetirla.
La danza tampoco lo era.
Durante aquella época veía vídeos, buscaba músicas, tomaba clases, investigaba, ensayaba, viajaba para formarme y aprovechaba prácticamente cualquier oportunidad que tuviera para bailar. Siempre había algo más que aprender porque siempre había alguien que hacía algo que yo todavía no sabía hacer, una música que no entendía del todo o una forma diferente de interpretar un movimiento.
Eso requería esfuerzo, pero no tenía que obligarme continuamente a sentir curiosidad. La curiosidad ya estaba allí.
Y creo que eso sigue siendo importante en cualquier profesión que cambia con rapidez. No hace falta vivir apasionadamente cada Excel ni levantarse deseando revisar Search Console. Pero sí necesitas que haya algo en tu trabajo que continúe haciéndote preguntas.
Por supuesto, como siempre es más fácil trabajar con aquello que te apasiona y que conoces, decidí que podía ser todavía mejor profesional trabajando el SEO de bienestar, belleza y experiencias. ¿Eso significa que en otros campos no hago buen SEO? Por supuesto que no, gracias al SEO he aprendido muchas cosas nuevas, y eso siempre me gusta. Pero sé que puedo ser especialmente útil a aquellos negocios y proyectos que entiendo especialmente bien, por afinidad y por bagaje.
… Y un pequeño ‘bonus’
En el artículo original contaba que alguna vez había salido a bailar con casi 39 grados de fiebre y lo utilizaba como ejemplo de cuánto disfrutaba con mi trabajo. Ahora lo contaría de otra forma.
No salía a bailar con fiebre porque estuviera poseída por el amor al espectáculo ni porque considere admirable trabajar enferma. Salía porque tenía unas compañeras sobre el escenario que necesitaban que yo estuviera allí y yo no iba a dejarlas tiradas. Dejar de bailar un día significaba dejar a mis compañeras sin trabajo. Y tal vez no solo ese día, sino para el resto de la temporada.
Eso también lo aprendí bailando: cuando formas parte de un equipo, tus decisiones dejan de afectarte únicamente a ti.
Y no, no romantizo trabajar enferma, es que cuando bailaba también era autónomo.
He vuelto a sacar el pañuelo del armario
Cuando escribí la primera versión de este artículo, planteaba todo esto casi como una curiosidad: cosas que había aprendido en danza y que, mira por dónde, también servían para el SEO. Ahora ya no lo veo así.
No hay una caja con mis conocimientos de danza y otra con los de comunicación, SEO, escritura o gestión. Hay cosas que aprendí analizando webs, otras estudiando, otras trabajando con clientes y otras intentando escuchar la música, saber dónde estaban mis compañeras y reaccionar suficientemente rápido cuando alguien decidía cambiarla.
Quizá por eso cada vez me interesa menos preguntarme de dónde procede un conocimiento y bastante más qué somos capaces de hacer con él.
Ya no me cabían muchas dudas. Ahora, ninguna. Cuando retomes las clases, allí estaré. Y te seguiré leyendo.