Estoy rehaciendo mi web. Para quienes sepan mínimamente del tema, el motivo será bastante obvio. Llevo años justificándome con lo de “en casa de herrero, cuchara de palo”, y ya no cuela ni para mí.
Este rediseño pasa por una nueva autopromesa de publicar más a menudo en mi blog. Y lo peor es que no escribo poco porque no tenga nada que decir. He pensado largo y tendido sobre ello.
El síndrome de la página en blanco no siempre es falta de ideas
El “síndrome de la página en blanco” aparece en escritores que, supuestamente, no tienen nada que decir o temen hacerlo mal. En mi caso, el problema es que hay muchas cosas que quiero decir, están dispersas y se van enlazando unas con otras a modo de mapa mental interminable.
Esa clase de “pensamiento en racimo” es bastante habitual y, aunque se afirma que ayuda a la creatividad, desde mi experiencia diré que dificulta enormemente aterrizar las ideas, exponer de forma lineal y clara las conexiones y permitir que la gente que va a leerte comprenda lo que intentas contar.
En otras palabras, la hoja en blanco no me intimida. Lo que me intimida es tener que escoger. Trazar un camino para que exista conexión con el lector, para que pueda seguir el hilo de mis pensamientos, me obliga inevitablemente a priorizar, ordenar y descartar ideas. Y eso no es agradable.
Escribir es elegir una vida posible
La película Las vidas posibles de Mr. Nobody expone cómo tener que elegir genera una angustia que el protagonista no está dispuesto a aceptar. Si no escoge, todas las posibles vidas que puede tener permanecen disponibles.
Pero, aunque no decidir conserva las posibilidades, también impide que una de ellas se vuelva real.
A la hora de escribir me pasa algo similar. Existen muchos textos posibles a los que me cuesta renunciar, y de cada uno de ellos surgen nuevas ideas, nuevos textos, nuevas asociaciones. Mientras no los escribo, siguen con vida en mi pensamiento.
Pero tú, que ya has leído hasta aquí, no los podrías leer. Y prefiero tenerte como lector de uno de mis textos a disponer de todos los textos posibles sin la oportunidad de que me estés leyendo.
Mi método dialéctico asistido por IA
Y por eso he creado un método.
Que no, que no intento venderte nada. En realidad lo he escrito así para que te quedes leyendo, pero el método hace siglos que existe. “Mi método” es algo que llevo usando desde hace años, solo que hoy me he dado cuenta de que lo estaba haciendo y le he puesto nombre: método dialéctico asistido por IA.
Y ahora viene cuando los filósofos encienden las antorchas para venir a buscarme a casa. Si me dais un momento para explicarme, os podré ahorrar la parafina.
El método dialéctico sustentado en el diálogo se usa desde los tiempos de Sócrates y Platón para intentar comprender la realidad desde la confrontación de ideas. Mis explosiones mentales de ideas en racimo precisan de ese diálogo para poder organizar, jerarquizar, rebatir y descartar. Para mí es esencial poder hablar sobre lo que estoy pensando para que pase de “ocurrencia” a “texto con algo de sentido”.
Usar la IA para pensar mejor, no para pensar por mí
La diferencia es que, desde hace un tiempo, utilizo la IA para dialogar. Y no es que no me guste dialogar con personas. Al contrario, me encantaría poder hacerlo más. Pero la inteligencia artificial tiene algo que a veces cuesta encontrar en una conversación humana: paciencia, disponibilidad y ausencia de ego propio.
En momentos de polarización como el actual, cada vez es más habitual que la gente viva la discrepancia como una agresión personal. Los diálogos, especialmente en redes sociales, ya no se transforman en crecimiento mutuo, sino en cámaras de eco cuando la cosa circula como nos agrada, o en batallas por tener razón y propinar el “zasca” más sonado cuando no nos gusta lo que leemos. Y eso no me ayuda.
Es cierto que la IA puede ser complaciente. Es cierto que puede inventar datos. Y es cierto que, precisamente por eso, no conviene usarla como autoridad, sino como herramienta sometida a instrucciones, contraste y revisión.
Lo cierto es que me resulta profundamente paradójico tener que dar instrucciones a una IA para que no me dé la razón. Pero eso es porque no uso la IA para que piense por mí. La uso para que no me deje pensar demasiado cómodamente.
La IA no es autora, ni oráculo, ni secretaria obediente. Es una mesa de pruebas. Y en esa mesa he aprendido a podar.
Podar ideas para que el texto respire
Me gusta imaginar mis textos como el bonsái que el señor Miyagi enseñaba a podar a Daniel LaRusso. Recortar parte del árbol, darle forma, diseñarlo, es necesario si queremos revelar la imagen ideal que tenemos de ese pequeño arbolito en la cabeza. Incluso cuando las ramas de las que nos deshacemos están sanas y son bonitas.
Dar forma a las ideas es, muchas veces, tan importante como tenerlas. Ser capaz de comunicar bien implica dejar fuera aquello que no ayuda a la comprensión del texto. Hay que renunciar a algunas conexiones, por brillantes que parezcan, para que el artículo no se convierta en una selva.
Este problema es habitual a la hora de comunicar. Por eso muchas marcas, empresas y profesionales no logran transmitir aquello que desean. No porque lo que ofrecen no sea valioso, sino porque no está bien podado, estructurado y presentado. Y a mí me apasiona hacer eso.
Y no, no tiramos las ideas “que sobran”. Esas ideas son esquejes de nuevos artículos. No se quedan en el tintero: esperan su turno.
Quizá publicar más a menudo consista, precisamente, en aceptar eso. En no exigirle a cada texto que contenga toda la jungla que se forma en mi cabeza con cada idea. En elegir un bonsái concreto, imaginar su forma y podarlo hasta que deje de ser posibilidad y empiece a ser texto.
Hola buenas, me encanta como se desarrolla levemente el proceso creativo de este sitio web tan maravilloso, cuando voy pasando las páginas me quedo anonadado de la gran creatividad y la redacción de contenidos del post.
¡Hola, Uri! Muchísimas gracias por pasarte por aquí y por tus palabras. Me alegra un montón que te guste cómo se va desgranando el texto página a página. Al final, la intención de este rincón es precisamente esa: huir de los formatos planos y demostrar que la creatividad y la redacción de contenidos no consisten en rellenar espacio con calzador, sino en crear una lectura que valga la pena y que conecte de verdad con quien está al otro lado. ¡Un abrazo enorme y gracias por estrenar el debate!
Saludos cordiales.
Acabo de descubrir tu pagina navegando por la red, pues tengo un par de ideas en las que me podría ser de ayuda contar con asesoramiento, y si, coincido en que cuando tienes un mar de ideas, o una selva como comentas, es mejor ir desarrollándolas una a una que no todas a la vez. Aunque ha veces, es necesario ir enlazándolas unas con otras, eso implica ir empezándolas mientras no terminas las otras, consumiendo algo más del tiempo necesario para su desarrollo.
A mí la IA no me termina de convencer… ¿Será quizás por la desconfianza adquirida en el cine, en donde nunca acaba bien la relación IA-Humano?
¡Hola, Xavier! Como xennial-millennial o últimos coletazos de Gen X debo decir que Skynet está en la mente de todos nosotros siempre que hablamos de IA, pero creo recordar que hay un antecedente boomer que ya nos lo venía advirtiendo, la HAL 9000 de 2001: Una odisea del espacio. Así que, si ni con las advertencias pertinentes y digeridas durante décadas somos capaces de usar bien una herramienta como la IA, es que nos merecemos lo peor por vagancia mental. Por suerte, aquí estamos formando un reducto de resistencia: perfectamente humanos y con nuestros maravillosos defectos.
Muy interesante, supongo que todos tenemos mucho que contar, pero el proceso creativo de darle una forma atractiva es lo que diferencia a quienes comunican mejor de los otros.
¡Ahí le has dado, Toni! Esa es la clave de este oficio y la diferencia entre juntar letras o acariciar con palabras (y a veces, sacudir). Todos tenemos historias, anécdotas o ideas en la cabeza, pero el verdadero trabajo del redactor consiste en darles la forma, el ritmo y el envoltorio atractivo para que el mensaje no se pierda por el camino. ¡Mil gracias por dejar tu huella en el blog!
El bloqueo del escritor frente a una página en blanco es un reto común en la redacción de contenidos. Superarlo no es un acto de magia
Cierto, JM. Gracias por comentar. Es agradable sentirse comprendida. Espero volver a tenerte por aquí pronto. ¡Un saludo!
El bloqueo del escritor o el síndrome de la página en blanco son dos conceptos recurrentes entre los escritores. Les gusta enfangarse en ellos, quejarse de la falta de creatividad e inspiración y poner nombre a lo que simplemente es falta de constancia y de disciplina.
Hay cientos de textos sobre escritura creativa que tratan de dar remedios a estas situaciones.
¡Me chifla cuando entráis lanzando el guante, Mateu! Te lo recojo, pero para decirte que tienes razón: muchas veces se acusa a la falta de inspiración de algo que solo es culpa de la falta de constancia y método. En mi defensa diré que lo que yo expongo no es cómo combatir el silencio de las musas, sino el método que he estructurado después de darme cuenta de que tenía que lograr que dejaran de gritarme todas a la vez. Y sí, la disciplina y la constancia construyen el 90 % de este oficio; si no te sientas a picar teclas, la página no se llena sola. En cuanto a los manuales con remedios, todos están bien si funcionan. En mi caso me está funcionando muy bien la dialéctica asistida por IA, pero me encantaría poder ejercerla con humanos, así que agradezco enormemente estas palabras que me dan pie a eso. Espero volver a verte por aquí. ¡Un saludo!
El síndrome del papel en blanco no es el enemigo de la creatividad, ya que muchas veces ocurre justo lo contrario. Cuando no hay nada escrito, no existen límites, ni caminos marcados. Ese vacío obliga a la mente a explorar lugares nuevos, a conectar ideas inesperadas y a construir algo desde cero. Las mejores ideas suelen nacer precisamente en ese instante de incertidumbre, cuando la página vacía desafía nuestra imaginación. El papel en blanco no es la ausencia de inspiración; es el espacio donde la creatividad tiene la oportunidad de aparecer, me encanta tu blog
El síndrome del papel en blanco no es el enemigo de la creatividad, ya que muchas veces ocurre justo lo contrario, las mejores ideas estan por venir, me encanta tu blog